
Los motivos por los que un niño es llevado a consulta con el psicólogo, son múltiples y variados, y en general son los padres quienes lo solicitan, porque consideran que algo en el niño es “anormal2 o porque alguna autoridad de sus escuela señala que tiene problemas. Los síntomas más habituales por los que acuden son: “retraso en los procesos de aprendizaje, mala conducta en casa, escuela o calle, tics, angustias, obsesiones, fobias, crisis nerviosas, enuresis, estreñimiento espasmódico, anorexia mental, manifestaciones histéricas como mutismo, ceguera, sordera, tos, parálisis, etc. También algunas situaciones particulares ante una intervención quirúrgica, para desarrollar habilidades ante una discapacidad, o una reeducación de la audición, leguaje, movilidad, etc. Así como la necesidad de orientar un niño en cuanto a su sexualidad y género, por problemas familiares, por presentar síntomas de violencia (psicológica, sexual o física), o simplemente para orientar a un niño hacia los estudios en consonancia con sus aptitudes.
Aquí cabría la pregunta ¿se trata realmente de un estado “anormal” o bien de un estado “normal2 experimentado como “anormal” por su medio circundante?
Que un adulto crea que un niño tiene un problema no tiene no tiene porque serlo o que el niño también crea que lo tiene. En algunos casos tiene más que ver con la expectativa y fantasías de los padres con respecto a los hijos, o de igual manera, proyectan sus problemas en ellos, descargando toda la responsabilidad en los niños. Para quienes resulta narcista que un niño (su hijo) no se desempeñe como los otros niños. También puede ser que busquen en el psicólogo un cómplice que les confirme que el niño “está mal”, incluso que la causa del “problema” es orgánica, algo que les permita aliviar su culpa en la ‘falla’ o bien deslindarse del problema, y que el especialista se haga cargo sin que participen ellos mismo.
En caso contrario es frecuente que los padres utilicen a sus hijos como pretexto para pedir ayuda para si mismo, o que acudan al psicólogo para que les diga algo que les agrade, cuando ya han ido con otros especialistas, cuyo tratamiento no les pareció. Otras veces los padres y algunas autoridades de las escuelas, desconocen las características del desarrollo del niño y pueden tomar como síntoma o anomalía, algo que es completamente normal.
Para trabajar con niños, se debe tomar en cuenta que estos, son sujetos que se encuentran en proceso de estructuración, lo que implica que los “síntomas del niño son casi siempre un reflejo del conflicto de y entre los padres”
La obligación del psicólogo es lograr una compensación objetiva de la situación, concuerde ésta o no con las expectativas de los padres y proponer el tratamiento adecuado. Es claro que hay ocasiones en que no se requiere tratamiento alguno, en ese caso es necesario orientar a los padres en relación con el problema que plantean.
Aquí cabría la pregunta ¿se trata realmente de un estado “anormal” o bien de un estado “normal2 experimentado como “anormal” por su medio circundante?
Que un adulto crea que un niño tiene un problema no tiene no tiene porque serlo o que el niño también crea que lo tiene. En algunos casos tiene más que ver con la expectativa y fantasías de los padres con respecto a los hijos, o de igual manera, proyectan sus problemas en ellos, descargando toda la responsabilidad en los niños. Para quienes resulta narcista que un niño (su hijo) no se desempeñe como los otros niños. También puede ser que busquen en el psicólogo un cómplice que les confirme que el niño “está mal”, incluso que la causa del “problema” es orgánica, algo que les permita aliviar su culpa en la ‘falla’ o bien deslindarse del problema, y que el especialista se haga cargo sin que participen ellos mismo.
En caso contrario es frecuente que los padres utilicen a sus hijos como pretexto para pedir ayuda para si mismo, o que acudan al psicólogo para que les diga algo que les agrade, cuando ya han ido con otros especialistas, cuyo tratamiento no les pareció. Otras veces los padres y algunas autoridades de las escuelas, desconocen las características del desarrollo del niño y pueden tomar como síntoma o anomalía, algo que es completamente normal.
Para trabajar con niños, se debe tomar en cuenta que estos, son sujetos que se encuentran en proceso de estructuración, lo que implica que los “síntomas del niño son casi siempre un reflejo del conflicto de y entre los padres”
La obligación del psicólogo es lograr una compensación objetiva de la situación, concuerde ésta o no con las expectativas de los padres y proponer el tratamiento adecuado. Es claro que hay ocasiones en que no se requiere tratamiento alguno, en ese caso es necesario orientar a los padres en relación con el problema que plantean.
1 comentario:
creo que tienen razon en el sentido deque los problemas de los niños no se pueden tratar de manera aislada sino en la realidad que estos viven con sus padres, amigos, sociedad, scuela, etc etc.
Publicar un comentario